
Debate sobre el canon digital
La difusión del conocimiento y la cultura es un tema de antaño. La era de la digitalización, no obstante, marca nuevas oportunidades pero también desafíos, y el peligro de crear brechas sociales irreversibles. Daniel Bell señalaba ya en los lejanos setentas que “la irrupción de una sociedad post- industrial, no desplazaría a una sociedad industrial, ni siquiera a una sociedad agraria, pero sí sumaría una dimensión fundamental en la administración de datos e información”. De eso se trata el ideal de Internet, y de los hackers: innovación cooperativa y construcción social de la tecnología o propiedad comunitaria. Todo confluye en la colectivización del saber.
Desde hace un tiempo hay un debate intenso sobre cómo regular la información y proteger los derechos de autores a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías. En la Argentina un proyecto de ley impulsado por Miguel Ángel Pichetto (@MiguelAPichetto) y apoyado por Rubén Giustiniani, suscitó fuertes objeciones, y por eso se decidió postergar la discusión en las Cámaras.
El canon digital es un mecanismo de regulación (no es un impuesto), que busca recompensar a artistas, productores y autores por las supuestas copias que se hacen en el ámbito privado. Pero termina cayendo en problemas de base: ser una tasa indirecta que afecta a los más marginados; presuponer la piratería de todos los usuarios; gravar un acto privado( taxativamente prohibido en el artículo 19 de constitución nacional.)
La ley de compensación por copia privada preveía aumentar el costo de los dispositivos; algunos ejemplos: un reproductor DVD iba a salir 10% más; un pendrive de 16GB un 5%; un pack de 100 CDS Virgen un 75% más. Esto iba a perjudicar a los que ya de por sí tenían dificultades en acceder a las nuevas tecnologías.
En la mayoría de los países miembros de la Unión Europea, a excepción del Reino Unido, Irlanda, Chipre, Luxemburgo, y Malta, existe algún tipo de Canon Digital. En Paraguay se implementó la “ remuneración por copia privada” el pasado 23 de junio. Pero eso no implica que sea lo correcto. En México la iniciativa del diputado del PRI Armando Baéz Pina, no prosperó. En twitter Baéz (@armandobaezp) escribió que la tarea principal de un diputado es saber escuchar a los ciudadanos, y por eso daba marcha atrás con la iniciativa del Canon, aunque buscaría otro mecanismo para defender los derechos de propiedad. En la Argentina sucedió algo similar. Las redes sociales explotaron manifestando el descontento con la medida. Aníbal Fernández que declaró que no era bueno el proyecto de Pichetto, que “se habían comido una manifestación virtual”, y que la gente no estaba equivocada en líneas generales de lo que estaba planteándose.
El modelo que se tomó como ejemplo en la Argentina fue el de España, que ha fracasado rotundamente. En una nota de análisis sobre el Canon en España, Manuel Castells enfatizó que se debe “construir un régimen de propiedad intelectual adaptado a la cultura digital y regulado por una administración pública liberada de lobbies sin decencia”. Es exactamente lo que se debería realizar en la Argentina: modificar la ley de propiedad intelectual y crear una nueva de copyright.
Hay que entender que el Canon Digital no beneficia directamente a los artistas, sino a las organizaciones intermedias, que lucran con los artistas. Además es imposible aplicarlo de forma justa. Se hace indispensable releer Cultura Libre de Lawarence Lessig, creador de Creative Commons. Con gran agudeza señalaba allí que “ la cultura libre tropieza con una confusión que es difícil de evitar y aún más difícil de entender. Una cultura libre no es una cultura sin propiedad, es un equilibrio entre anarquía y control”.
Para más sobre el tema: FundaciónVía Libre. O en twitter a Bea Busaniche( @beabusaniche).
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